En un abrir y cerrar de ojos

 

Cuando abrí los ojos al cruzar la frontera entré en Suazilandia, luego pestaneé y al abrirlos de vuelta ya me encontraba en la frontera Sudafricana. Esa es la sensación que me dejó mi fugaz paso por aquí. Suazilandia es un país del tamaño de una peca en este gigante continente, y tengo la certeza que la gran mayoría de la gente en este mundo ni siquiera tiene idea que existe. Necesité poco menos de dos días para cruzarlo entero de punta a punta. Ni su geografía de colinas, ni el mal clima que me tocó fueron suficientes para extender mi estadía un día más.

Suazilandia es un Reino muy pobre que parece haber sido absorbido por la potencia industrial de Sudáfrica, cuyas grandes empresas, especialmente las agrícolas, están presentes por todo el país en forma de extensas plantaciones y varias industrias en la región de Manzini, como así también por las grandes cadenas de shoppings y supermercados. El cambio de la moneda local está fijado al del rand sudafricano, pero ni siquiera es necesario cambiar porque estos últimos son aceptados indistintamente. 

Si algo de fama tiene este país, es tristemente por algo muy grave. Es el país con la tasa más alta de contagio de HIV del mundo, con valores escalofriantes que se estima, alcanzan casi a la mitad de la población, llegando a nivel de epidemia. Decenas de miles de niños que han quedado huérfanos crecen con sus abuelos y miles de jóvenes se contagian todos los días por la falta de cuidados básicos a la hora de mantener relaciones sexuales. Si bien el gobierno hoy provee los retrovirales de manera gratuita para todos los infectados, es una solución para apagar el fuego, pero el problema esencial de educación, no ha sido resuelto aún.


A pesar de mi efímero paso por aquí, los pocos intercambios que he tenido con su gente fueron muy agradables y los suazilandeses han mantenido esa misma educación, respeto y alto nivel de inglés que he venido encontrando en todo el sur de Africa. Quizás, el que quedará como mi mayor recuerdo, es el de un maestro de escuela que frunció su ceño como con cierta sospecha cuando le pedí si podía acampar en la escuela para pasar la noche. Luego de dudar unos momentos me dijo que preferiría que no y que en cambio podía quedarme en su casa, porque en esta región abundan las mambas negras y no se sentiría tranquilo conmigo afuera.

Aún sabiendo sobre el enorme peligro de esta víbora, la más letal del mundo, le pregunté:
 
-¿Qué pasa si me muerde una mamba negra?
– Bueno, si te muerde por debajo de las rodillas, tenés cierta chance de llegar al hospital si es  que está cerca – Hace una pausa y continúa – Si te muerde por encima, y suelen hacerlo fácilmente porque tienen la capacidad de extenderse hasta atacar a la cabeza, entonces no tienes más que minutos y no se puede hacer nada. – Finalmente concluye – Ahora, la excepción es si te muerde en un brazo. En ese caso, tu única chance de sobrevivir, es que tengas a alguien al lado que inmediatamente te lo corte para cortar el paso del veneno por la sangre.
-¿Y en qué parte de tu casa puedo dormir me decías?……

En un abrir y cerrar de ojos pasé por Suazilandia, en tan poco tiempo es imposible sacar conclusiones acertadas sobre una cultura, pero la impresión que me llevo es positiva y no tan diferente a la que me llevé del resto de los países del sur de Africa.

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