Hacia un mundo remoto. Parte III

Galería de fotos que acompaña estos textos: click aquí

D7

Me propuse levantarme bien temprano para no encontrarme a la policía y cruzar la barrera. Había dormido profundamente toda la noche pero me había levantado como 5 veces a hacer pis en la nieve por la cantidad de líquidos que había tomado antes de dormir para evitar un posible inicio del mal de las alturas, al cual estaba susceptible por haber hecho un ascenso tan drástico de 1500 a 3600 en medio día. Eran las 6.45 am y aún muy frío. Tenía todo listo para salir. Como había previsto la policía dormía y pasé de costado la barrera y arranqué mi camino hacia 祁连 Qilian, a sólo 72km. Avancé 35km por un maravilloso camino de picos nevados bañados por la luz dorada de la mañana. Las pasturas, estaban aún amarillas y con decenas de yaks pastando tranquilamente al amanecer; el silencio era total, hasta que vi un auto venir en dirección contraria, con dos farolitos en el techo, uno azul y otro rojo, y ¿adivinen quién era? Claro, mis amigos de la poli. Maldita suerte la mía; al pasar a mi lado miré hacia el lado opuesto de manera que me vieran la nuca, pero luego de unos metros me di cuenta de que habían frenado y estaban retrocediendo. Se acercaron muy amablemente mientras me hacía el bobo y me dijeron, claro, que no podía estar ahí, que necesitaba un permiso para ir a 祁连 Qilian y me dijeron que tenía que volver porque no había manera de que me dejaran seguir. Volví medio escoltado hasta la barrera que había pasado.

Ahí opté por quedarme con el guarda ya amanecido a discutirle 20 minutos los motivos insensatos por los cuales no podía ir por ese camino, lo cual hago por diversión más que por intentar cambiar el mundo. En estas situaciones es cuando uno descubre la diferencia entre la gente común y corriente y los gobiernos siniestros. El guarda realmente lamentaba de corazón no poder dejarme pasar, me intentaba explicar que son órdenes del gobierno y que él no podía hacer nada al respecto, y que le dolía porque era un lugar muy lindo. Finalmente me rendí y decidí
seguir adelante por el camino que venía siguiendo (realmente no tenía opción). De consuelo cuando me despedía, me decía que era igualmente lindo el cambio por el cual tenía que continuar, y ciertamente no mentía. (Más tarde luego de terminado el viaje sabría que la provincia de Qinghai es donde el gobierno ejecuta sus ultra-secretas pruebas nucleares y es por eso que muchas partes de su inmenso territorio están vedadas al acceso de extranjeros)
Ya entrado el día continué por el camino directo a Xining, el cual no dio respiro, subidas y bajadas entre 3000 y 4000 mts en los espacios inmensos y vacíos del altiplano tibetano, picos nevados, pasturas amarillas y marrones que aún pasada la mitad de la primavera luchan por alcanzar el verde. Los ascensos son duros a pesar de la buena calidad de la ruta y la falta de oxígeno se hace sentir constantemente debido a no haber tenido el tiempo adecuado para aclimatar el cuerpo.


Por uno u otro motivo, es en el medio de la nada donde uno se encuentra con las situaciones, no sólo menos habituales sino las más insólitas. Entre ascensos, descensos, valles, montañas que fui cruzando durante el día a lo largo del camino, habré visto no menos de 10 vehículos. Es decir, una soledad casi intacta, sin embargo en un punto del camino y como tantas otras veces, una persona aparece en el horizonte como salido de la nada. Iba a paso lento y llevaba mochila; finalmente lo alcancé y me puse a conversar con él. Este hombre, cuyo nombre no recuerdo, con sus 47 años se lanzó a cruzar China caminando, desde su ciudad, Guangzhou, hasta Urumqi a lo largo de unos 5000km. Y así es como a mitad de su camino se cruzó conmigo, cargando a cuestas pocas cosas y una bandera; conversamos un rato, nos sacamos fotos el uno al otro y cada uno siguió su camino solitario. Gente que deja pensando. Así como muchas veces la gente se pregunta por qué hago lo que hago y no comprende, yo también me pregunto qué mueve a personas como esta a hacer lo que hacen, pero comprendo.
Y comencé el día con la policía pero supuse que no sería mi último encuentro. Ya sobre el final de la tarde había alcanzado una distancia considerable, cuando encontré un nuevo desvío hacia el interior de la provincia. La ruta seguía desolada y hacia allí me mandé para encontrar un espacio no menos vasto, lleno de yaks y murallas nevadas.

Luego de 25km de pedalear cómodamente en una planicie…¿adivina adivinador? Veo un autito blanco, lleva farolitos azules y rojos en el techo y se acerca en dirección contraria, ¿qué será, qué será?. Esta vez me deslicé por el barranco que tenía a mi derecha y casi que me acosté detrás de mi bici y esperé que pasaran. Me quedé un rato ahí, el paisaje que tenía delante de mis ojos ameritaba seguir por ese camino, pero era tarde, me habían visto y al rato, dieron marcha atrás y los polis bajaron del auto a preguntarme a dónde iba. Les digo -hacia allá- (y señalo la dirección de la cual venía, es decir….estaría yendo en la dirección legal). Me dijeron ¿seguro? -Si, claro oficial, voy a Xining. Me pidieron el pasaporte, me preguntaron cosas y al final me sonríen, me repreguntan -¿para allá,no?- y se van. Después seguí, claro, en la dirección ilegal por varios kilómetros más, hasta que me di cuenta que por ese camino no llegaría a tiempo a Xining para tomar el avión de vuelta a casa, así que retrocedí. Me tomé mi tiempo y encontré un lugar increíble para acampar, lejos de la ruta, un valle verde a unos 3600mts de altura flanqueado de picos nevados.

El clima se veía bien a la hora de acampar pero ya de noche con mucho frío, antes de meterme en mi cueva noté que las nubes habían adquirido un aspecto raro, estriado y nebuloso, la luna tenía aureola y había algo de viento. Pensé…. ojalá que mañana no esté nublado…..y a las 21 hs me quedé dormido profundamente……..pero la noche no terminaría ahí. Aproximadamente a las 12 de la noche con una violencia que pocas veces había sentido antes me despierto abruptamente, soplaba un viento con ráfagas asesinas y la carpa estaba curvada de tal manera que uno de sus laterales estaba completamente sobre mi cara, casi horizontal, al mismo tiempo que el piso intentaba levantarse desde abajo y me levantaba la cabeza y los hombres. A los pocos minutos, los golpes de la nieve que arremetía. Una verdadera tempestad, como pocas he vivido, por primera vez sentí miedo del viento; es que realmente era brutal y peor aún la sensación de estar a ciegas, no ver qué estaba pasando afuera y saber que no había absolutamente nadie, ni saber cómo progresaría una tormenta así. Por unas tres horas más o menos, estuve en vilo dentro de la carpa, que se sacudía violentamente intentando volarse al demonio con el viento llevándome a mí consigo… hasta que finalmente a eso de las 3 am comenzó a aminorar hasta quedar todo en silencio una vez más. Luego de un rato mi corazón retomó sus 60 y pico de pulsaciones por minuto y me pude volver a dormir….

Final del día: 186km
Total: 1352km

D8

Siento pasos, uno, dos, decenas, centenas, una tropa, me despierto, eran las 6am y ya era de día. Me arrastré dentro de mi bolsa para asomar la cabeza fuera de mi carpa a ver si era que la policía me había mandado la tropa por transgredir sus normas y al asomarme me quedo ciego por 10 segundos por el sol radiante, el cielo impecable y todo, absolutamente todo lo que ayer era verde, hoy era de un blanco enceguecedor. Me fregué los ojos por un rato y recobré la vista, miré al costado y veo una manada de yaks llevados por su arriero a tomar agua. Un hermoso despertar. Pocos animales hay tan lindos y especiales como el yak y bajo este sol radiante el día parecía prometedor.Al salir de la carpa, veo propiamente el resultado de la noche anterior. Mi bicicleta completamente congelada y los anteojos de sol que milagrosamente seguían ahí debido a que quedaron pegados al metal del manubrio por el hielo. Todo a mi alrededor era un desierto blanco, bellísimo (blanca primavera). Desayuné unas patas de pollo rancias envasadas al vacío, horribles, pero me dieron un poco de energía para iniciar el día.

Delicia de día, deslizándome por el camino bajo el sol. Clima frío, pero de montaña y con sol poco se sienten. Poca dificultad, subidas y bajadas constantes pero de poca pendiente, más yaks, más pasturas y picos nevados. Así avancé durante algunas horas, tomándome tiempo para disfrutar, sin esfuerzos. De a poquito empezó a haber más tráfico, sobre todo de camiones. Así avancé por medio día, pensando que sería así hasta el final. Pero para cuando llegué al pueblito de 门源回族Men Yuan me percaté a través de los locales que había descendido a 2700mts y tenía por delante un paso de 19km de acenso por delante….auch! Pero la llegada a 门源回族Men Yuan fue un viaje a la dimensión desconocida, un retroceso en el tiempo de quién sabe cuánto, ¿uno? ¿dos siglos? Impresionante, de esos lugares que son un viaje al pasado, al punto de que teniendo en cuenta el mundo en qué vivimos hoy, por momentos uno cree que está en un parque temático que intenta revivir la vida en el pasado.

Todo en 门源 Men Yuan es diferente. La gente anda en carro tirado por burrito, sólo la ruta está asfaltada y el resto de las calles son de tierra, las mujeres con sus característicos velos de telas de encaje y los hombres con el gorrito y sus barbas estiradas. El dialecto, incomprensible. 门源 es un pueblo 100% habitado por la etnia musulmana hui zu 回族 y todo su mundo, es un mundo aparte dentro del mundo chino. Los musulmanes, se estima que están en China desde hace unos 1400 años y muchos son descendientes de los viajeros/mercaderes de La Ruta de la Seda que unía Asia con Europa. Lo más increíble es que a pesar de ser sus costumbres totalmente diferentes a la de los chinos Han, parecen haber convivido en paz con ellos durante todos estos siglos ya que es excesivamente raro o hasta inexistente escuchar conflicto entre los 回族 y los Han. ¿Cómo esto fue posible? me resulta muy difícil de entender, pero ahí están, desafiando a la globalización y el desarrollo frenético de China, detenidos en el tiempo.

Como había llegado temprano me quedé varias horas allí, descansando y conversando con la gente. Todo el pueblo se sorprendía de verme ahí con la bicicleta se acercaban y me rodeaban una y otra vez por curiosidad a preguntarme lo habitual, ¿qué hacía? ¿a dónde iba? ¿de dónde vengo? y el clásico de la incomprensión y la perplejidad ante un viajero en bicicleta ¿por qué no viajo en auto?!
La comunicación en estos pueblos es difícil ya que tienen su propio dialecto y al vivir tan aislados no hay realmente muchas personas que hablen chino, aparte de los pocos Han que viven allí. Esto es algo a destacar. En todo pueblo de minorías étnicas, hay siempre algunos chinos Han y su presencia en muchos o casi todos los casos se reduce a: policía, PSB (public security bureau), alguna que otra pequeña oficina gubernamental, gasolinera del pueblo y en cuyos pueblos hay una alta presencia de tibetanos y uighurs, una considerable guarnición de militares atrincherados, generalmente equipados como para contener una guerra regional, en lugares que de otro modo serían simplemente un páramo hermoso y tranquilo de vida vernácula y tradicional. Esto es importante porque se repite a lo largo de todo China, el gobierno siempre tiene y ejerce su poder de control, de propaganda, sea a través de las buenas como a través de las malas. La ley despótica y represora del gobierno siempre está presente para imponer sus modos y mantener su control.


Me comí un gran almuerzo, como es habitual, tres platos diferentes de fideos. En el norte-centro y oeste de China, debido a esta altísima presencia de musulmanes, no sólo cambian el lenguaje, la religión y los hábitos sino también la comida. A diferencia del resto de China donde el arroz está siempre en esencia y presencia en virtualmente cada comida del día, en estas regiones son los fideos la piedra angular de la alimentación y les digo, son una delicia, siempre caseros y frescos, hechos en el momento, servidos en porciones de troglodita. Los hay finos y en cintas de todos los tamaños, pero son totalmente diferentes a la pasta italiana (lamento aquí, que mis conocimientos prehistóricos de culinaria no me permitan poder explicarles en qué se diferencian del resto). Se sirven en platos, saltados con verduras y salsas o en sopas de todas las combinaciones posibles. El cordero es otro clásico de estas regiones, cocinado frito saltado o al horno con las especias más exóticas estimuladoras de los sentidos.

Comer tanto y tan rico tiene su contrapartida en estos pueblos ya que para cierto tipo de negocios parece no haber límite físico. El mercado es el ejemplo clásico donde las verduras y el tofu son exhibidos a cielo abierto, pero el más claro ejemplo es el de los carniceros, cuya carnicería consta esencialmente de una tabla, un barral para los ganchos de donde se cuelgan los animales y un toldo encima para proteger del sol; todo alrededor, un verdadero reguero de sangre fresca que fluye de las bestias descuartizadas a los cuatro vientos y se chorrea como arterias por el piso de las calles volviéndolas sangrientas y resbalosas para los transeúntes y para los mismísimos clientes. El carnicero aprovecha todo, despelleja el cuero y lo pone a un lado, luego pela la grasa y la guarda, se interna hasta los hombros dentro del animal y extrae absolutamente todas las tripas, estira los intestinos cual gato jugando con un simple ovillo de lana y luego va de a poquito cortando partes de carne para la venta a la gente, que expectante, contemplando este espectáculo sangriento, espera su parte conversando como si nada sobre las cosas de la vida cotidiana. Bañado en sangre todo, el perchero cuelga los cuerpos como en un negocio de ropa, ocurriendo esto en las más absoluta de las normalidades. Este es uno de los escenarios rurales más fascinantes que encuentro una y otra vez en los caminos.

Me despedí de 门源 Menyuan con tristeza por no poder quedarme a pasar unos días allí. Saliendo del pueblo, con la panza llena aunque con las tripas medias revueltas miro hacia adelante con profunda vagancia el cruce interminable de 19km que tenía por delante, mientras que pedaleando hacia él, me iba despidiendo desde mi bici de la gente de este increíble pueblo donde todo parece estar detenido en el tiempo.

El paso fue largo y duro pero según los locales sería el último del camino a Xinning. Con vagancia y modorra me llevó fácilmente unas tres horas, aunque no le tomé el tiempo. Me molestaron los camiones que se arrastraban pesados e iban más lentos que yo, y al ser viejos me obligaban a tragarme sus gases ponzoñosos. Remontar un desnivel de 1200mts es complicado en cualquier circunstancia pero con fiaca, aún más, aunque siempre la cima tiene su recompensa y es de una gran satisfacción. A 3792 mts con sol radiante, ver una inmensa y excitante bajada de montaña rusa por delante lista para rodar, llena el cuerpo de energía y euforia.

Podría haber alcanzado Xinning al anochecer si hubiera querido, pero para qué enterrarse en otra ciudad China, son todas iguales, polutas y feas. Por ello decidí acampar luego de la gran bajada a lo largo de un hermosísimo valle verde a sólo 50km de la ciudad. Al ser una zona más poblada, con arados y pueblos fue más difícil encontrar un lugar cómodo y aislado para pasar la última noche pero siempre existe un lugar que vale la pena. Allí pasé mi última noche bajo un hermoso colchón de estrellas.

Final del día: 157km
Total: 1538km


D9

Día final! Día radiante, aunque el valle resultó ser muy húmedo y con mucho rocío durante la noche, mi carpa se condensó completamente por dentro, y quedó mojada como su hubiera llovido. Los últimos kilómetros hasta Xining resultaron bastante afables aunque cuanto más cerca de la ciudad, más tráfico, más polución, más ruido. Así y todo, rutas enarboladas, montañas, casas con huertas, animales sueltos, pueblo tras pueblo y gente de campo en su mayoría Hui 回族. Llegué en poco menos de dos horas a Xinning a 2200mts de altura, ya con clima más benigno y una primavera más clara. Pero el shock de volver al mundo urbano pega cuatro veces después de tanta belleza prístina y natural. Es en estos momentos cuando uno, atascado en un embotellamiento de autos en pleno mediodía de tal magnitud que no se puede filtrar ni mi bicicleta entre ellos y donde apenas se puede respirar del aire asfixiante ni escuchar de los bocinazos, se pregunta en qué condiciones nos hemos acostumbrado a vivir normalmente los seres humanos, optando por amontonarnos en las ciudades, vivir comprimidos regocijándonos en el puto shopping center añorando por consumir, sacando el auto para ir a cualquier lado y someternos a altísimos niveles de estrés y trasladarnos en condiciones abominables. Hemos hecho la normalidad de lo anormal. Esto NO ES apología de la vida rural ni mucho menos, pero contemplar estos escenarios de la vida urbana y siendo uno mismo, quien vive en la vida urbana y en el hacinamiento de las ciudades, poder verlos un poco “desde afuera”, conduce indefectiblemente a la reflexión.
Entré a la ciudad por el lado noreste y al preguntarle a un taxista indicaciones, descubro que el aeropuerto está convenientemente ubicado al suroeste y a 35km (estoy siendo claramente irónico). Me toca correr, y a lo loco, para no perder el avión, pero entre tanto tengo que cruzar la urbe haciendo malabarismos en un tráfico caótico y un calor y un ruido urbanos que ya me resultaban insoportables. Ya habiendo cruzado la ciudad me queda encontrar el camino alternativo al aeropuerto ya que hoy día a casi ningún aeropuerto se puede llegar por autopista en bicicleta. El camino alternativo era de tierra y barro y de casitas aisladas dónde no parecía volar ni una mosca. Mientras avanzo, sigo encontrándome con una cosa excesivamente curiosa que venía viendo en las casitas de las afueras al otro lado de la ciudad. Una especie de colector solar de material, en forma de plato satelital, en cuyo extremo de su “antena” no tiene nada más ni nada menos que una base para apoyar una tetera donde calentar el agua. Insólito.

Finalmente llego al aeropuerto con barro hasta el cuello. El personal de la aerolínea que protesta por el barro en mi bicicleta, que me discute que tengo que pagar sobrepeso, que me dicen que tengo que embalarla, que sinceramente me queman la cabeza!!

Por fortuna, luego de sortear la situación exitosamente y a mi favor, no declararon la emergencia sanitaria que preveía….. al fin y al cabo llevo 9 días y 1624km sin bañarme 🙂

Final del día: 86 km
Total: 1624km
Promedio diario: 180.4km
Máximo en un día: 248km
Mínimo en un día: 130km
Altura máxima: 3900mts

http://www.flickr.com/apps/slideshow/show.swf?v=71649

Advertisements

6 thoughts on “Hacia un mundo remoto. Parte III

  1. capo! muy groso lo que haces y muy interesante el blog! cuando este con mas tiempo le pego una buena leida porq parece que no tiene desperdicio.
    abrazo de gol desde buenos aires!

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s